lunes, 2 de febrero de 2026

Pipi

 
Hoy cumple un año de adoptada 
la perra que aterrizó en tu vereda
ella sabe
porque le canto el feliz cumpleaños 
y le prometo un día de paseo
que no puedo cumplir

ahora anda recorriendo la casa
persiguiendo una mosca
lo de siempre, viste
persigue todo lo que vuela o desaparece rápido de su vista

Cuando apenas la conocimos la nombramos escapista
como su madre rematabas vos
y yo asentía 
admitiendo que también prefiero irme si olfateo un abandono
pero acá está
doce meses después
se ve que se sintió cómoda 
entre las frazadas y nuestros cuerpos

hoy no rompió nada
parece que sabe 
que debe portarse bien
que tenemos otras razones 
para enojarnos o llorar

No pude grabarla pero cuando te fuiste se quedó
mirando la puerta un rato largo
tuve que explicarle que no te espere
que ninguno de los dos sabía cuándo ibas a volver

En este momento está comiendo lo que quedó del almuerzo
mueve el plato con su lengua y hace un sonido raro
como el otro día
cuando tocó por accidente una nota en el piano 
y el otro
cuando movió la cola cerca de la guitarra y rozó las cuerdas
parece que sabe 
que este silencio me lastima 
y por eso anda así
chocándose las cosas 
ladrándole al viento 
o tirando la pelota que 
pica
y vuelve

Andá a saber de dónde salió
cómo fue su vida antes de encontrarte
por qué nos mira así
con todo el amor del mundo
como si no esperara nada de nosotros
qué pensará cuando me voy
porque yo también me voy
aunque le explico que ya vuelvo
que me espere
que no toque nada
y menos esos papelitos 
que te dejo desplegados por la casa:
gracias por cuidarme,
te amo,
en tu abrazo nada duele.

arrayanes

Tu cicatriz,
la madrugada que cruzamos 
descalzos 
esa fue mi ciudad favorita

tu rostro joven
sin ese corrosivo dolor 
del destino

tus ojos
la fragancia del tilo de noviembre
tus costillas escapándose 
como este gesto

una mano extendida
                                       hacia donde vos estás

el fuego que nos atrapó en el patio
cuando mordimos el sol
y lo supimos todo

tu voz galáctica,
murmullo de invierno
arrayanes entre los que todavía 
nos espera una promesa

la intuición de siempre
esta certeza:
tuvimos suerte,
acariciamos la maravilla.

suerte

 Fijate que siempre estuvimos de espaldas al otro pero tomados de la mano de alguna forma, vos nunca me soltaste y yo tampoco a vos aunque se interpuso el silencio y otros cuerpos disfrutaron a los nuestros; ahora podés estar contento: te escribo hoy aunque hable de ayer, y no entiendo por qué te molestás así si allá también estabas vos, como lo estuviste ese día cerca de las barrancas, en el taxi, mientras cruzaba las vías del tren con esos zapatos que pesaban tanto, también ahí en el banco, entre las hojas y la fuente, vos temblando entre mis manos, yo callando las ganas de que tu voz me queme los oídos, de que mi lengua incendie tu piel 
      es más de lo mismo y no hay escapatoria: casi siento a mi ropa caerse cuando me hablás así, primero un bretel después el otro y de nuevo como aquella vez pero ahora sin agujas con razones con temblores 
   ¿ves cómo puedo jugar con las palabras, pasear mi mano por el borde de tu pantalón, guiar a la tuya hasta el centro de mis piernas? ya se están derritiendo las velas que encendiste vamos a quedarnos a oscuras voy a elegir quién quiero ser hoy 
un bichito de luz en el medio del campo 
una estrella fugaz 
el viento que sopla en las noches de agosto: 
todas o ninguna, un regalo solo para vos, 
rompé el envoltorio,
que traigo 
suerte.

fugitiva

    A pesar de todo seguimos teniendo nuestros recreos, seguimos tratando de conseguir la mejor palabra, yo dejaría de ser la fugitiva para hundirme en tus sábanas, volvería a ponerme boca abajo para que acaricies mi espalda, te mostraría mis nuevos lunares, cedería ante la tentación de verte bajando las escaleras ese pasillo condensa la humedad de todo un pueblo que dormía la siesta mientras nosotros firmábamos un testamento invisible que conservo hasta hoy 

   por si todavía no lo sabés: cuido tu nombre mientras te nombro y cuido mi cuerpo por si se acerca el tuyo y cumplimos la promesa, prendo las luces amarillas para que cuando llegues sientas lo tibio de un espacio que nunca dejó de esperarte porque sabía que íbamos a estar como ahora rodeando esta mesa moviéndonos descalzos por un pasillo diferente a aquel, yo rozando el marco de la puerta de mi cuarto con la espalda viendo tu nuca en el espejo viendo mis uñas treparse a tu cuello ¿quién de los dos va a escribir mejor nuestra historia? ¿querés que apostemos?

una sensación de aves en las manos

 Sobre el puente la esperanza la ruta adolescente que desemboca en la esquina de los primeros besos, las madrugadas especiales, todo un manojo de sentimientos nuevos, la vida abriéndose a los quince años 
o a los treinta, debajo del puente, la textura rugosa de las piedras tibias, el sol extendido de par en par como si sonriera con todos los dientes, así como vos o como yo, la risa uniéndose con el sonido del agua que baja y sigue su curso, que fluye, era doce de septiembre, era dulce de frutilla, era mate con peperina, una sensación de aves en las manos, de dos flores violetas silvestres y hermosas
era el tiempo mezclándose, una lista de todas las veces que no pero sí, era la confirmación de la corazonada, era la brisa hecha-a-medida. Había sido yo impulsiva yo sola yo en la madrugada en un galpón de Rufino, yo recordando la posibilidad yo preguntándome por qué elijo lo que elijo, yo decidiendo elegir distinto: un coraje nacido desde las entrañas apenas un brote quizás pero sostenerse de él mirarlo crecer y creer en eso que brilla a lo lejos. Habías sido vos, tus dolores tus silencios tus respuestas tu atenta mirada sobre los hechos, tu hablar cantando, tu cálido amor guardado en una bolsita de papel, la velocidad con la que llegaste, ese reconocerse en el medio de un cuadro, tu querer evitarle el mal a mis ojos, la fuerza que les otorgaste a ellos, este intento de narrar lo poético de la escena, la certeza con la que me fui: no vamos a caernos o vamos a caernos y vamos a sangrar y vamos a curarnos instantáneamente, una especie de regeneración, de canción que cura por pura fe.
 

intuición

 ¿Buscás la tapa de la cerveza que abriste esa noche? La tengo escondida dentro de mi garganta 
Intuyo que tu tiempo se mueve como un caracol, que baja un escalón por día, solo de noche. Intuyo que el sol te quema los párpados, que el resto de tu cara queda blanca.
Intuyo que el papel se degrada debajo de los libros.
Intuyo que me recordás de espaldas
Intuyo que tu mano pierde el recuerdo de mi cintura
Intuyo que hablabas muy en serio cuando me dijiste Sos suave para todo
Intuyo que te sorprende haber podido tocar el algodón de azúcar
Intuyo que te dejé la boca manchada de rosa
Voy a evitar las ciudades que te nombran, voy a hacer algo diferente con mis dedos, voy a aceptar la distancia si tiene coraje el coraje si tiene corazón el corazón si está latiendo
¿Sabés? Ahora encuentro en la velocidad el poder que perdí.

a esta hora.

Y a esta hora no sé si te pido que no vuelvas o no lo pido pero lo espero o no lo espero pero lo sé: no vas a volver a tiempo, es tarde ya, comienza a amanecer más temprano y el cielo se divide en colores raros y nuevos cada día, en todos sucede algo que no te cuento, como la bandera flameando enorme mientras me pedían mis datos, vos podrías haber estado ahí, te das cuenta, me agradecían por haber ido, simplemente, y era mi sueño pero parecía el de ellos, podés creer, así de bien me hicieron sentir
   y al otro día el almuerzo, hablar entre un tuco que parecía directamente traído desde la infancia, ese sabor a olla de abuela, a jugar debajo de la mesa, a no saber de qué hablan los mayores; al parecer es la nuez moscada, amor, pero tampoco voy a contarte eso, ni cómo defendí algunos de los barrios de Buenos Aires, su manera tan propia de expresarse, la identidad puesta en colores de algunas cuadras, la brújula que me regalaste o sencillamente me nació y uso cada vez que voy, cada vez que llevo a alguien conmigo; se tilda a veces, sabés, se tilda o la apago o no la sigo cuando intenta detenerme en los espacios ásperos punzantes o helados, ya sé, no sirve escapar, la librería con la escalera hacia el subsuelo sigue ahí aunque le pase de largo, la pequeña mesa redonda en la pizzería, las letras rojas, el subterráneo yendo y viniendo y vos lejos vos no sé dónde estás vos detrás de una pelota que te hace sonreír, tengo miedo de que crezcas tengo miedo de que no lo hagas tengo miedo de que te pase algo terrible tengo miedo de no abrazarte nunca más            
      es cruel pero algunas noches se implanta el olor de tu almohada en la mía es cruel e inexplicable pero sucede y no huyo, no busco el lado frío, me quedo ahí porque sé que en realidad no, es un recuerdo difuso, es tu voz hundiéndose en el fondo del Río de La Plata, soy yo quedándome en la orilla mientras vos te vas o viceversa, son restos que encontramos dentro de algún bolsillo: un folleto, una forma de enunciar ciertas palabras, tu boca diciéndome un te amo mudo del otro lado del vidrio, yo leyendo tus labios, quedándome con algo más pobre que un susurro
así la última escena: era de noche, era de nuevo mi imaginación salvándome o matándome.  

manto

Sentí tu manto a metros de distancia. Una especie de energía condensada, color gris tornasolado, algo con un doble movimiento: me expulsaba fuera de mí, cerca de vos y me devolvía dentro de mí, lejos de vos. Arenas movedizas. Un río cálido en la frontera, aguas termales en el medio de la jungla. Una sensación de asombro, inquietud, ganas de vivirlo y ganas de morir para huir, para no hundirse con peso debajo del agua. En ese caso sólo se podría subir un poco cada vez. Pero en lugar de eso, este oxígeno puro y tenso, otra vez la dualidad, un calor ventoso, un viento caluroso. Algo que quema las yemas de los dedos, algo que viene y que va, tus manos frías, girar para verte y verte girado para verme. Este juego en el que las fichas se mueven al mismo tiempo. 
El agua de tu casa me limpió la sangre. No supe desde dónde llegó la herida, simplemente un rasguño cerca del final de mi vestido. Un espíritu me dijo que las caricias a destiempo aparecen así: una espina inesperada demasiado cerca de la piel. Entonces ese dolor que tenés podría ser el beso que no te di. Estamos a mano 
y quietos. 
Devoro un durazno dulce y me deslizo descalza debajo de tu voz.  

enero.

No sé nombrar lo que existe en estas horas. Solo sé decir sol hoja agua. Solo sé flotar mirando los huecos azules que dejan las nubes. Mi piel acepta las condiciones que le propongo: un nuevo colchón, una luz fría, la alarma desactivada. Me responde sin resistencia; vuelvo a casa con la piel roja y ardiente, con todo el calor en el cuerpo, y rayas 
rayas en las piernas y en los brazos
ahora somos esta versión -me dice- y mis ojos brillan más, están brillosos o cristalinos, es como si el arroyo se hubiera guardado debajo de mis párpados 
no lloro por nada, ni por esa piedra preciosa que no llegué a atrapar
no lloro por nada: no quiero que se escape este paisaje 
ahora soy esta versión
con rayas, con fuego, con agua clara en los ojos.

cae un deseo

 
Cae un deseo y lo llamamos estrella 
se hace de noche en el pueblo donde acechan las serpientes 
la gente se abraza al saludarse y nosotros dos nos sostenemos al costado del agua
quince segundos de tu piel contra mi piel 
quiero saber a qué remolinos sobrevivió tu perfume
dónde fue que le pediste al viento que se llevara tus látigos
si disfrutás de los naufragios o te hundís como este pez veloz que me roza y se va
hay un espectáculo antiguo y hermoso esperando ser descubierto 
hay señales / hilitos de colores que bailan en las ramas
hay encuentros / ojos que se miran y encienden el fuego 
inventé lluvia para un niño 
supe que había ganado un recuerdo. 

luz.

El sol se derrite leve sobre la orilla
que eligió para acercarse a esos ojos 


el viento se los llevó un día 
                                           lejos 


ahora una brisa desciende 
se acuesta a su lado, cerca del agua 
se mojan juntos los pies 


de pronto otra vez la soledad 
ese encuentro cara a cara con algo 
cercano a la nostalgia 

la noche aplasta a los dolientes 
a los duelantes
los deja frente a un espejo quebrado 
buscando reconocerse en facciones opacas 

la mañana ofrece su misericordia 
entonces él sale 
al encuentro de los pájaros, las mariposas 
la luz que guía a las hormigas 
busca 
hierbas para el mate
y sonríe esperanzado:
tal vez hoy vea la fruta 
en el instante en que se tiñe de violeta 
tal vez encuentre
en el fondo del arroyo 
una piedra para fortalecer el corazón 
tal vez 
en el murmullo del agua que corre 
escuche de nuevo esa música 
esa risa
esa voz diciéndole papá.