lunes, 2 de febrero de 2026
Pipi
arrayanes
la madrugada que cruzamos
descalzos
esa fue mi ciudad favorita
tu rostro joven
sin ese corrosivo dolor
del destino
tus ojos
la fragancia del tilo de noviembre
tus costillas escapándose
como este gesto
una mano extendida
hacia donde vos estás
el fuego que nos atrapó en el patio
cuando mordimos el sol
y lo supimos todo
tu voz galáctica,
murmullo de invierno
arrayanes entre los que todavía
nos espera una promesa
la intuición de siempre
esta certeza:
tuvimos suerte,
acariciamos la maravilla.
suerte
fugitiva
A pesar de todo seguimos teniendo nuestros recreos, seguimos tratando de conseguir la mejor palabra, yo dejaría de ser la fugitiva para hundirme en tus sábanas, volvería a ponerme boca abajo para que acaricies mi espalda, te mostraría mis nuevos lunares, cedería ante la tentación de verte bajando las escaleras ese pasillo condensa la humedad de todo un pueblo que dormía la siesta mientras nosotros firmábamos un testamento invisible que conservo hasta hoy
por si todavía no lo sabés: cuido tu nombre mientras te nombro y cuido mi cuerpo por si se acerca el tuyo y cumplimos la promesa, prendo las luces amarillas para que cuando llegues sientas lo tibio de un espacio que nunca dejó de esperarte porque sabía que íbamos a estar como ahora rodeando esta mesa moviéndonos descalzos por un pasillo diferente a aquel, yo rozando el marco de la puerta de mi cuarto con la espalda viendo tu nuca en el espejo viendo mis uñas treparse a tu cuello ¿quién de los dos va a escribir mejor nuestra historia? ¿querés que apostemos?
una sensación de aves en las manos
intuición
Intuyo que tu tiempo se mueve como un caracol, que baja un escalón por día, solo de noche. Intuyo que el sol te quema los párpados, que el resto de tu cara queda blanca.
Intuyo que el papel se degrada debajo de los libros.
Intuyo que me recordás de espaldas
Intuyo que tu mano pierde el recuerdo de mi cintura
Intuyo que hablabas muy en serio cuando me dijiste Sos suave para todo
Intuyo que te sorprende haber podido tocar el algodón de azúcar
Intuyo que te dejé la boca manchada de rosa
Voy a evitar las ciudades que te nombran, voy a hacer algo diferente con mis dedos, voy a aceptar la distancia si tiene coraje el coraje si tiene corazón el corazón si está latiendo
¿Sabés? Ahora encuentro en la velocidad el poder que perdí.
a esta hora.
y al otro día el almuerzo, hablar entre un tuco que parecía directamente traído desde la infancia, ese sabor a olla de abuela, a jugar debajo de la mesa, a no saber de qué hablan los mayores; al parecer es la nuez moscada, amor, pero tampoco voy a contarte eso, ni cómo defendí algunos de los barrios de Buenos Aires, su manera tan propia de expresarse, la identidad puesta en colores de algunas cuadras, la brújula que me regalaste o sencillamente me nació y uso cada vez que voy, cada vez que llevo a alguien conmigo; se tilda a veces, sabés, se tilda o la apago o no la sigo cuando intenta detenerme en los espacios ásperos punzantes o helados, ya sé, no sirve escapar, la librería con la escalera hacia el subsuelo sigue ahí aunque le pase de largo, la pequeña mesa redonda en la pizzería, las letras rojas, el subterráneo yendo y viniendo y vos lejos vos no sé dónde estás vos detrás de una pelota que te hace sonreír, tengo miedo de que crezcas tengo miedo de que no lo hagas tengo miedo de que te pase algo terrible tengo miedo de no abrazarte nunca más
es cruel pero algunas noches se implanta el olor de tu almohada en la mía es cruel e inexplicable pero sucede y no huyo, no busco el lado frío, me quedo ahí porque sé que en realidad no, es un recuerdo difuso, es tu voz hundiéndose en el fondo del Río de La Plata, soy yo quedándome en la orilla mientras vos te vas o viceversa, son restos que encontramos dentro de algún bolsillo: un folleto, una forma de enunciar ciertas palabras, tu boca diciéndome un te amo mudo del otro lado del vidrio, yo leyendo tus labios, quedándome con algo más pobre que un susurro
así la última escena: era de noche, era de nuevo mi imaginación salvándome o matándome.
manto
enero.
cae un deseo
luz.
que eligió para acercarse a esos ojos
el viento se los llevó un día
lejos
ahora una brisa desciende
se acuesta a su lado, cerca del agua
se mojan juntos los pies
de pronto otra vez la soledad
ese encuentro cara a cara con algo
cercano a la nostalgia
la noche aplasta a los dolientes
a los duelantes
los deja frente a un espejo quebrado
buscando reconocerse en facciones opacas
la mañana ofrece su misericordia
entonces él sale
al encuentro de los pájaros, las mariposas
la luz que guía a las hormigas
busca
hierbas para el mate
y sonríe esperanzado:
tal vez hoy vea la fruta
en el instante en que se tiñe de violeta
tal vez encuentre
en el fondo del arroyo
una piedra para fortalecer el corazón
tal vez
en el murmullo del agua que corre
escuche de nuevo esa música
esa risa
esa voz diciéndole papá.