lunes, 2 de febrero de 2026

a esta hora.

Y a esta hora no sé si te pido que no vuelvas o no lo pido pero lo espero o no lo espero pero lo sé: no vas a volver a tiempo, es tarde ya, comienza a amanecer más temprano y el cielo se divide en colores raros y nuevos cada día, en todos sucede algo que no te cuento, como la bandera flameando enorme mientras me pedían mis datos, vos podrías haber estado ahí, te das cuenta, me agradecían por haber ido, simplemente, y era mi sueño pero parecía el de ellos, podés creer, así de bien me hicieron sentir
   y al otro día el almuerzo, hablar entre un tuco que parecía directamente traído desde la infancia, ese sabor a olla de abuela, a jugar debajo de la mesa, a no saber de qué hablan los mayores; al parecer es la nuez moscada, amor, pero tampoco voy a contarte eso, ni cómo defendí algunos de los barrios de Buenos Aires, su manera tan propia de expresarse, la identidad puesta en colores de algunas cuadras, la brújula que me regalaste o sencillamente me nació y uso cada vez que voy, cada vez que llevo a alguien conmigo; se tilda a veces, sabés, se tilda o la apago o no la sigo cuando intenta detenerme en los espacios ásperos punzantes o helados, ya sé, no sirve escapar, la librería con la escalera hacia el subsuelo sigue ahí aunque le pase de largo, la pequeña mesa redonda en la pizzería, las letras rojas, el subterráneo yendo y viniendo y vos lejos vos no sé dónde estás vos detrás de una pelota que te hace sonreír, tengo miedo de que crezcas tengo miedo de que no lo hagas tengo miedo de que te pase algo terrible tengo miedo de no abrazarte nunca más            
      es cruel pero algunas noches se implanta el olor de tu almohada en la mía es cruel e inexplicable pero sucede y no huyo, no busco el lado frío, me quedo ahí porque sé que en realidad no, es un recuerdo difuso, es tu voz hundiéndose en el fondo del Río de La Plata, soy yo quedándome en la orilla mientras vos te vas o viceversa, son restos que encontramos dentro de algún bolsillo: un folleto, una forma de enunciar ciertas palabras, tu boca diciéndome un te amo mudo del otro lado del vidrio, yo leyendo tus labios, quedándome con algo más pobre que un susurro
así la última escena: era de noche, era de nuevo mi imaginación salvándome o matándome.  

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