Sobre el puente la esperanza la ruta adolescente que desemboca en la esquina de los primeros besos, las madrugadas especiales, todo un manojo de sentimientos nuevos, la vida abriéndose a los quince años
o a los treinta, debajo del puente, la textura rugosa de las piedras tibias, el sol extendido de par en par como si sonriera con todos los dientes, así como vos o como yo, la risa uniéndose con el sonido del agua que baja y sigue su curso, que fluye, era doce de septiembre, era dulce de frutilla, era mate con peperina, una sensación de aves en las manos, de dos flores violetas silvestres y hermosas
era el tiempo mezclándose, una lista de todas las veces que no pero sí, era la confirmación de la corazonada, era la brisa hecha-a-medida. Había sido yo impulsiva yo sola yo en la madrugada en un galpón de Rufino, yo recordando la posibilidad yo preguntándome por qué elijo lo que elijo, yo decidiendo elegir distinto: un coraje nacido desde las entrañas apenas un brote quizás pero sostenerse de él mirarlo crecer y creer en eso que brilla a lo lejos. Habías sido vos, tus dolores tus silencios tus respuestas tu atenta mirada sobre los hechos, tu hablar cantando, tu cálido amor guardado en una bolsita de papel, la velocidad con la que llegaste, ese reconocerse en el medio de un cuadro, tu querer evitarle el mal a mis ojos, la fuerza que les otorgaste a ellos, este intento de narrar lo poético de la escena, la certeza con la que me fui: no vamos a caernos o vamos a caernos y vamos a sangrar y vamos a curarnos instantáneamente, una especie de regeneración, de canción que cura por pura fe.
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