lunes, 2 de febrero de 2026

manto

Sentí tu manto a metros de distancia. Una especie de energía condensada, color gris tornasolado, algo con un doble movimiento: me expulsaba fuera de mí, cerca de vos y me devolvía dentro de mí, lejos de vos. Arenas movedizas. Un río cálido en la frontera, aguas termales en el medio de la jungla. Una sensación de asombro, inquietud, ganas de vivirlo y ganas de morir para huir, para no hundirse con peso debajo del agua. En ese caso sólo se podría subir un poco cada vez. Pero en lugar de eso, este oxígeno puro y tenso, otra vez la dualidad, un calor ventoso, un viento caluroso. Algo que quema las yemas de los dedos, algo que viene y que va, tus manos frías, girar para verte y verte girado para verme. Este juego en el que las fichas se mueven al mismo tiempo. 
El agua de tu casa me limpió la sangre. No supe desde dónde llegó la herida, simplemente un rasguño cerca del final de mi vestido. Un espíritu me dijo que las caricias a destiempo aparecen así: una espina inesperada demasiado cerca de la piel. Entonces ese dolor que tenés podría ser el beso que no te di. Estamos a mano 
y quietos. 
Devoro un durazno dulce y me deslizo descalza debajo de tu voz.  

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